La
mano del hombre muerto
-
¿Primera vez que
visita el templo?
-
¿Perdón?
-
El casino.
¿Primera vez que viene?
-
Si.
-
Imagino que viene
de lejos, no hay muchos humanos de este lado de la galaxia.
-
Aja.
-
No me
malinterprete, me agradan los humanos. ¡Que digo! Si no fuera por ustedes
nuestras ceremonias religiosas seguirían siendo un bodrio como en los viejos
tiempos.
-
Aja.
-
Digo, ¿Usted sabe
lo mucho que han mejorado nuestras vidas desde que nuestras culturas se
encontraron?
-
Hum.
-
Si, si, ya sé.
Ustedes también mejoraron. Nuestra cultura les aportó avances tecnológicos, es
claro que sin nuestro aporte aún se me moverían por la galaxia en esas viejas
naves de combustión de materia que tenían en esos tiempos.
-
…
-
Y no hablemos de
los avances médicos. Sus conocimientos en bioingeniería eran tan rudimentarios…
pero ustedes nos enseñaron a rezarle a Mogul de una manera tan avanzada. Nunca
vamos a poder pagarles eso.
-
Supongo.
-
Claro que sí.
Ahora resulta claro el camino hacia la devoción verdadera, es obvio, pero si
ustedes no nos hubiesen explicado el concepto de juego de azar jamás habríamos
entendido lo que hacíamos mal. No es raro que anteriormente la deidad no nos
hiciera mucho caso, en cambio ahora…no hay un día que no tengamos media docena
de milagros. Somos una sociedad sana y equilibrada, fiel a su caótico dios,
como debe ser.
-
Me alegro por
ustedes.
-
Gracias. Ahora
bien, cuando me dijo “Aja” por primera vez ¿se refería a que viene de lejos o
simplemente confirmaba que hay pocos de ustedes por estos lados?
-
Ambos.
-
Lógico, y cuando..
-
DISCULPE
-
Eh?
-
Me tengo que
registrar en mi hotel. Hablamos en otro momento ¿Si?
-
Claro, claro.
Bienvenido a Vegans City capital religiosa de Mogul, señor de las
incertidumbres matemáticas y la entropía general. Espero verlo por ahí en
alguna mesa de…
-
Gracias. – rápidamente
el humano se retiró rumbo a la salida
del espaciopuerto.
-
Un tipo simpático
– comentó en voz alta el vegano mientras se dirigía sonriente hacia la zona de
capillas tragamonedas.
La
quinta luna de Veganus recién se perfilaba sobre el borde inferior del arco
estelar. En la gigantesca ciudad multitudes de fieles se preparaban para la
jornada nocturna y la llegada de la primera hora de oración. En poco tiempo más
la sexta y séptima luna ocuparían su lugar en la bóveda celeste y el rito comenzaría
en cada hogar del planeta.
Ajeno
a la importancia de estos momentos un circunspecto turista humano seguía de
lejos las evoluciones de su recién llegado congénere. Probablemente un vegano
no consideraría muy llamativas las diferencias físicas de ambos pero, dentro de
la raza, difícilmente dos personas pudiesen ser más diferentes. El hombre que
acababa de descender de la nave espacial era un anacronismo viviente, si su
imagen hubiese caminado por las calles de una vieja ciudad del oeste
norteamericano durante ese periodo que por generaciones se conoció como “el
viejo oeste” no hubiese desentonado en lo más mínimo; aún más: un hipotético
espectador de cualquiera de esas generaciones con solo darle una ojeada rápida
lo hubiese clasificado como un tahúr de saloon, Y no se hubiera equivocado. A
los 34 años Elahiah Burton Smith era, al menos en aspecto, un cliché ambulante
con sus ropas imitando las de un viejo jugador profesional de películas de
western de clase b, y para el colmo, si alguien se tomara la molestia de
indagar, su profesión no era sino esa misma, aggiornada, pero la misma. Por su
parte, el hombre que observaba furtivamente a su congénere lucía un aspecto
menos llamativo, si lo quitáramos del entorno actual y lo enviáramos a las postrimerías
del siglo XX perfectamente podría encajar en la descripción física de un
oficinista clase media de mediana edad. Lo cual estaba lejos de ser.
En
la actualidad el regordete sujeto se hacia llamar Harry Bayes, sus documentos
coincidían con esta afirmación, y por supuesto ambas cosas eran falsas.
-
De todos los
viajeros que podían llegar a estos páramos justo tenía que venir un timbero.. –
murmuró para sí Bayes. – Lo único que falta es que venga por el milagro.
Aunque… pensándolo bien… si hago bien mis movimientos puedo sacar algo positivo
de eso.
Ignorante
de que estaba siendo observado en todo momento Burton se dirigió directamente
hacia el hall del Hotel. Una vez ahí, una rápida observación de la clientela
presente en el bar a su derecha, le confirmó lo que sospechaba. No había
humanos, sí había un par de teneriítas pero estos no importaban, nunca se
relacionaban con los humanos.
Se
registró, tomó la llave de su habitación y luego de meditarlo por unos momentos
se dirigió hacia el bar.
El
amanecer llegó sorpresivamente para Bayes, como siempre que lo encontraba
despierto en este planeta.
Las
orbitas asincrónicas de las siete lunas de Vega N1 hacían que el amanecer
difiriera sustancialmente cada día, solo los nativos, con su desarrollado
sentido de la vista capaz de diferenciar los tonos luminosos que reflejaba cada
luna en la atmósfera, podían orientarse y prever el fin de la noche con
anticipación asombrosa. Aunque
desconocía el alcance de las capacidades de sus anfitriones en este punto,
Bayes sí sabía que los alienígenas nativos poseían facultades visuales tan
refinadas que los engaños habituales de un tahúr serian rápidamente
comprendidos como tales. Sin importar cuan diestro fuera el fullero de turno,
los juegos de manos, el cambio de cartas y las marcas “invisibles” estaban
destinados a fracasar. Con un agravante: para esta cultura, interferir con los
destinos marcados por el azar era el peor de los crímenes. Un sacrilegio que
ofendía a su deidad y quitaba a los devotos la posibilidad de entregarse alegremente
a los deseos de su dios. El crimen tenía solo un castigo posible:
desmembramiento ritual y ofrenda culinaria en el gran templo, el menú a
discreción de los sacerdotes aunque el ingrediente principal debe ser siempre
el ofensor.
Todas
estas cuestiones podían ser capitales para el recién llegado Burton; en el caso
de Bayes no revestían casi el menor interés, a excepción del uso que pudiera
darle a esta información… Y eso era algo sobre lo que debería meditar.
Por
lo pronto, su congénere no había mostrado desconocer la situación durante las últimas
seis horas. Burton había jugado una mano tras otra con diferentes resultados;
había perdido, ganado, pero sobre todo había mantenido su lugar en la mesa de
juego apostando mínimamente. Era claro para Bayes que la intención del tahúr no
era sacar beneficios inmediatos, más bien parecía estudiar las respuestas
recurrentes en sus contrincantes. Posiblemente buscara un patrón social de
conducta común a todos los miembros de la raza local. Y lo encontraría, seguro.
Una
sonrisa socarrona se asomó por un segundo a su usualmente anodino rostro. El
comprendía bien los patrones de conducta de los veganos, llevaba meses
acumulando esa información para incorporarla a sus cálculos probabilísticos. Lo
que le causaba gracia era el fin evidente que pretendía darle a esa información
el otro hombre.
-
pobre. – susurró
mientras negaba con la cabeza en un gesto casi imperceptible.
-
No vendamos el
toro antes de haberlo arriado – se reconvino rápidamente. – es posible que sus
métodos sean burdos pero, si ha encontrado un punto débil en las capacidades
sensoriales de nuestros huéspedes, entonces SU sistema es menos falible que el
mío. Yo no tengo forma de confirmar las variables que he anticipado hasta el
mismo momento del torneo y, si me he equivocado en mis cálculos entonces será
muy tarde.
Un
grupo de alienígenas abandono ruidosamente el hotel en ese momento, por sus
gestos era claro que estaban sobreexcitados
y se dirigían a solucionar su estado.
-
Bueno, he ahí
otro aporte de la raza humana a la cultura vegana – comentó para sí mismo. -
¿Quién se hubiera imaginado que la cafeína fuera el afrodisíaco definitivo?
Bueno, eso si sos un vegano plenamente
desarrollado. Al parecer su metabolismo solo se ve afectado luego de que pasan
a su etapa hermafrodita funcional.
El
sexo… una punzada de nostalgia física le sobrevino, por un momento sintió unas
manos invisibles que lo acariciaban. Llevaba muchos meses lejos de casa y las
esplendidas hembras de su especie.
¿Cómo
estarían las cosas en casa? Su mente
divagó unos segundos entre varias cosas que se sentían faltar para luego
regresar a la causa de sus tormentos. Ese maldito policía… ¿Por qué sobrevivió
al encuentro con el boquetero? En fin, siendo totalmente honesto consigo mismo
Bayes se recordó que era su culpa. Fue él quien omitió el detalle en sus
cálculos. ¿Cómo no pensó que, aunque sus gustos fueran anacrónicos, el ladrón
no debería tener mucha chance de saber usar un arma de fuego con precisión?
Un
error tonto de cálculo – masculló entre dientes.
– Un error banal que me obligó a huir tan lejos como me
fue posible. Y si no gano ese milagro voy
a pasarme toda la vida lejos de la civilización. – su frase casi se cortó en un
sollozo.
– Pero lo voy a ganar. Y cuando tenga todo el poder que
el premio me va a dar volveré a casa intocable. Pobre del cana que quiera
meterse conmigo… – el volumen de su voz se incrementó para cortarse bruscamente
a medida que por su mente pasaron los peligros a los que se enfrentaba.
– finalmente solo una palabra susurrada salió de sus
labios – Volveré.
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-------- --------
Lo
habían logrado.
Esta
era la mesa del premio mayor y en ella se sentaban dos veganos y el par de
humanos. Durante las diferentes rondas los hombres no habían coincidido aún
como rivales, de tal forma que, aunque ambos pusieron atención al accionar del
contrincante ninguno tenía aún total certeza de cual era el sistema que pensaba
utilizar el otro.
Una
cosa era evidente para Bayes: debía contar con competencia por parte de su
coterraneo, los Veganos invitados no tenian parte activa mayormente, solo
contaban con un feliz desapego propio del que sabe que lo que suceda será ni
más ni menos que la voluntad de su dios.
Y
si bien no perdía un segundo en preocuparse con esos dos contrincantes, el
hecho de que en el fondo tenían razón lo tenia intranquilo desde hacía días.
Porque el principal rival ni siquiera era Burton, su Némesis posible era la
voluntad divina. ¿Quién podía saber cual era la voluntad de la deidad en esta
noche? Ojalá que Mogul se haya levantado pensando “hoy voy dejar que gane el más hábil”. – pensó. –En ese caso, Bayes estaba seguro, sin
importar lo que planeara el tahúr a la larga la mesa sería para él.
Y
el milagro.
Mientras
esperaba que comenzara la partida Harry miró por milésima vez el gran vitral
que coronaba la sala de juegos. Era fascinante. En él era posible seguir la
historia completa de la relación entre los veganos y su dios.
Y
más interesante aún: ahí, en el tercer nivel contando desde el centro, se podía
ver en detalle el momento en que el primer Teneriíta era bendecido con el
premio mayor. ¡Que sorprendente como los factores culturales eran capaces de
arruinar hasta un milagro! No era casual que los humanos no consiguieran
llevarse bien con estos seres.
Los
Teneriítas… –La mente de Bayes se alejó del presente y comenzó a recopilar
los datos que conformaban casi la totalidad de la información que poseía sobre
esta raza – Probablemente fueran la civilización más antigua de cuantas había
conocido la humanidad hasta la fecha. Y si no fuera porque su fisiología los
mantenía a salvo de la mayoría de los peligros a su alrededor ya estarían
extintos.
Pero
no lo estaban, y aunque no se reproducían con mucha asiduidad el hecho de que
casi no murieran hacía que, lentamente, su raza medrara en todos los rincones
de la galaxia. Por suerte eran una raza pacifica.
El
detalle que fascinó a los humanos cuando tuvieron sus primeros contactos con
estos seres fue que uno de sus lejanos antecesores prosperase aún, formando una
especie sólida, fértil… y que esos antepasados vivieran en la tierra desde hace
millones de años.
El descubrimiento del parentesco fue casual:
un biólogo escucha las noticias mientras hace su tarea habitual, el periodista
que hablaba hacía un relato de las características asombrosas de estos vecinos
espaciales recién descubiertos; su extraña morfología, o más bien su lejanía
con los patrones antropomórficos que tan común era a la mayoría de las especies
civilizadas de la galaxia. Y su increíble resistencia. Nadie entre aquellos que
tuvieron contacto con los Teneriítas pensó un segundo en buscar similitudes con
razas terrestres, ¿Para qué? Si había una criatura que se enmarcara por su
imagen dentro de la definición de “bicho espacial” esos eran los Teneriítas. Y
si no tuviesen ese don telepático que les permitía comunicarse con otras razas así
hubiesen quedado clasificados. Pero lo tenían. Y eran civilizados, no muy
avanzados tecnológicamente pero sí muy cultos y sensibles a la belleza del
universo. Una raza de poetas.
De
todos los biologos capaces de relacionar el aspecto de los alienigenas con los
tardígrados terrestres solo uno los había usado en su tesis de graduación
postulando la posibilidad de que los osos de agua (como se los conoce
popularmente) no fueran originarios de la tierra: James De Gregori II. Su tesis
fue aceptada a regañadientes en su momento y solo porque nadie conseguía
explicar fehacientemente porqué, de todas las criaturas de la tierra, los
tardígrados son los únicos animales capaces de sobrevivir en el espacio. Y ahí
estaba el doctor De Gregori trabajando en su laboratorio cuando oye al locutor
describir las asombrosas capacidades de resistencia a ambientes hostiles de los
Teneriítas. “capaces de soportar altas presiones, temperaturas extremas por encima
de los 100° y por debajo de los -40° , resisten ambientes sin ninguna humedad,
el espacio profundo…” Fue en ese momento
que James dejo de lado su instrumental y le dedicó una rápida mirada a la
proyección del noticiero. Frente a sus ojos
---- --
Un
intenso resplandor iluminó al matemático. Aunque sus sentidos se encontraban
sobrecargados, de alguna forma, percibió que todo cambiaba y la realidad física
se desvirtuaba en… algo.
Lentamente
los órganos sensoriales dejaron de pulsar. Su cerebro no conseguía procesar
correctamente la información que le llegaba; de forma tal que momentáneamente
oía colores, veía sonidos mientras su cuerpo sufría una total insensibilidad táctil
que lo hacia sentir lejano a su físico. Entre la vorágine de sensaciones algo
en él logró enfocar su atención hacia el exterior y con algún sentido
desconocido aún percibió una presencia que lo opacaba haciéndolo sentir
infinitamente pequeño.
En circunstancias similares lo usual hubiera
sido desvanecerse en el refugio de la locura temporal, héroes legendarios habrían
terminado reducidos a meros bultos balbuceantes ¿Qué esperar entonces de Bayes,
un personaje anodino con una timidez poderosa y la fuerte personalidad de un
ratón de biblioteca? No mucho.
Y
sin embargo, de alguna forma, el tímido sujeto recuperó el control de sus
sentidos cuando reconoció su propia voz que con firmeza preguntaba:
– ¿Dónde estoy?
– Bienvenido Bayes, mi profeta.
– ¿Eh? ¿Su qué?
– Mi profeta.
¿De que otra forma debería designar a aquel que predice mi voluntad?
– ¿Quién..
– No preguntes lo obvio Bayes, lo sabes. Mis
seguidores me llaman Mogul aunque claro que ese no es mi nombre, solo una
representación al alcance de mis fieles.
– ¿Qué hago aquí? Y sobretodo ¿Dónde estoy?
– Te he traído a mi presencia. No precisamente al plano
donde soy uno absoluto y mi ser abarca su totalidad; no podrías tolerarlo. Así
que me limité a traerte a las fronteras de mi existencia física, donde existo
pero solo como una manifestación fantasmal de menor poder, espero que en este
nivel logres sobrevivir nuestro encuentro.
– Esto…gracias, igual podría haberme mandado un mensaje así
no corríamos riesgos innecesari…
– JAJAJAJA – el
atronador sonido de la risa divina hizo fluctuar la realidad y por un segundo
Bayes percibió extrañas criaturas surgir en el aire, expandirse y desdibujarse
hasta la nada nuevamente.
– …JA, – El
estruendo se interrumpió y la realidad se afianzó como una malla elástica que
luego de expandirse se contrae al máximo durante un segundo para luego reposar
en su punto medio. En ese ínterin Bayes creyó morir cuando la realidad se volvió
tan extrema que dolía.
– Bayes, Bayes, no sabes lo mucho que me congratulo de
haberte escogido.
– Buenísimo, ¿Me puedo ir?
– No.
– Está bien. – y su voz dio un hipido que sonó
sospechosamente parecido al “hiicc” de un ratón.
– Tranquilo,
vamos por partes, no quiero que mi profeta pierda la cordura. – la voz seguía
siendo profunda en su emanación de poderío pero tras la formalidad del tono que
alcanzaba escalas graves, insospechadas, en segundo plano, el humano percibía
notas de alegre hilaridad controlada. – Como decía, te he escogido. Eres mi
profeta y debemos hablar de cual es el mensaje que transmitirás sobre lo
sucedido hace unos momentos en mi templo mayor.
– ¿Y que pasó?
– Hice trampa.
– ¿Eh? ¿Y que debo dec…
– Déjame terminar. Obviamente eso es precisamente lo que
no quiero que trasmitas. Establezco el
punto porque si vas a ser mi cómplice en la mentira creo que lo menos que te
debo es una explicación detallada de mis motivos.
– No, no, si por mi esta bien, solo dígame lo que quiere
que…
– ¡Silencio!
– Hiic,… digo, bueno.
Durante
lo que pareció una eternidad Bayes permaneció en silencio. Aunque el resplandor
de la presencia divina no le dejaba ver nada, en su mente se dibujaba un
gigantesco seño fruncido que abarcaba
todo el espacio imaginable. Lenta y gradualmente su extra sensibilizada
percepción le comunicó que Mogul suavizaba su expresión y recobraba el humor
festivo.
– Veamos… ¿Dónde quedé? Ah, si. Hice trampa.
Y si tú estás sorprendido,
que apenas me conoces, no quieras saber lo que lo estuve yo de verme en ese
aprieto. Y todo por un descuido tonto. – definitivamente los efectos de la presencia
divina debían mitigarse con el acostumbramiento ya que Bayes para ese momento
hasta se permitió pensar: ¿Por qué tengo un deja vú sobre esto?
– Me descuidé. Sabía quienes
iban a estar en la mesa del premio mayor; ya había decidido que en esta ocasión
el milagro sería para uno de los humanos y como tu eres mi profeta no seria
ético que lo ganaras tú…
– Bueno, sin querer llevarle la contraria, yo aún no
había sido ungido y… por otro lado ¿Quién se atrevería a debatir sobre ética
divina?
– YO.
– Si…cierto. Disculpe, siga. – Otra larga eternidad
debió esperar el matemático mientras la deidad recobraba la calma. Y aunque es
imposible medir dos espacios infinitos, Bayes podría jurar que este duró casi
el doble que el anterior. Y definitivamente Mogul ya no estaba para la guasa.
– DECIA… – eternidad + seño + mirada de juicio final –
…que no podía elegirte a ti. Así que el ganador era claro. Conocía al sujeto
desde su nacimiento. Una basurita ambiciosa. Pero no me importaba. Al fin y al
cabo yo lo que quería era la publicidad derivada ¿Te imaginas? Un humano gana
el premio mayor, obviamente va a pedir fortunas interminables o la
inmortalidad, alguna de esas cosas que ustedes siempre han deseado tener. Y
cuando eso le fuera concedido… ¡Millones de nuevos fieles rezándome en la
esperanza de ellos también ganar el milagro! ¡Otra raza completita para mi
rebaño de obsec… seguidores! Y todo al costo de UN mísero milagro. ¡Los colegas
se iban a morir de envidia!
Pero
no.
¿Cómo
me dejo engañar de esa manera? ¿Por qué no se me dio por leer ese estúpido
corazón y sus deseos para verificar que no hubiese cambiado sus prioridades?
Totalmente mi culpa.
Y si, yo sabía que no hacía mucho el sujeto
se había mandado una embarrada tan grande que solo un milagro podría hacer que su propia raza no lo
destripara lentamente en cuanto se supiera. Era evidente, el muchacho venia a
ganarse el milagro para sacarse las castañas del fuego. Me pediría que le diera
poder suficiente como para que sus congéneres no solo tuvieran que tolerarlo de
vuelta en sociedad sino que arriba tuvieran que decirle señor. Como tú. ¿Acaso
no era lo que me ibas a pedir?
Ni lo dudé. Habría apostado
que era lo que venía a pedir. ¡Como la pifié!
¿Pero a quien se le hubiera
ocurrido que la ratita esa podía tener sentimientos de culpa? ¿Qué en vez de
pedirme poder para llevársela de arriba iba a querer corregir sus errores?
¡Que traidor! Uno que lo
escoge con todo cariño y el muy ladino planea pedirte la única cosa que puede
barrernos de todos los planos de existencia: una recontra jodida paradoja.
¿Es que acaso no hay justicia
en este mundo?
¡Un desagradecido!
Bayes, estas callado ¿no
pensás decir nada? Mira que este tipo no deja bien parada a tu raza…
– Es que… todavía no me dice que pensaba pedirle.
– ¡Quería que cambiara el pasado y que la cagada que lo
llevo a la mesa de juego nunca hubiera pasado! ¿Te das cuenta?
– Si, bueno no. La verdad es que no entiendo que es lo
grave del asunto. ¿Esta por encima de su poder o lo tiene prohibido?
– No estás usando la cabeza, no digas boludeces y pensá.
¿Qué pasa si le cumplo el deseo y lo que lo llevó a pedir el milagro no pasó?
Entonces el tipo no vino a jugar ni ganó el milagro. Y si no ganó el milagro
¿Qué va a evitar que vuelva a mandarse la misma idiotez y termine de nuevo en
la mesa de juego? Nada. Así que en un segundo gana el milagro, lo cumplo, no lo
gana. Viene y lo gana de nuevo, y no lo gana…Un loop infinito que solo se puede
terminar con el agotamiento total de cada partícula de energía en esta realidad
o con una devastación única que elimine en un milisegundo todo, incluido un
servidor. Tenía que evitarlo.
– Definitivamente. Debería limitar el margen de lo que
se puede pedir en un milagro, mire que el mundo esta lleno de gente que querría
borrar su pasado…
– Tenés razón, ya estuve pensando en eso. Como mi
profeta va a ser una las primeras cosas
que les vas a comunicar a los salames esos. Se acabaron los milagros
indiscriminados. A partir de ahora van a tener una lista de milagros y a elegir
solo lo que hay en la carta.
– Me parece bien. Y te voy a dar un consejo: tenés que
limitar el poder que concedés.
– ¿Cómo? Explicate Bayes.
– Y si. Fijate sino: viene fulano y se gana un milagro,
pide poder. Atrás de ese viene Sultano y te dice:”quiero tener más poder que
fulano”; a Sultano lo sigue Perengano… ¿Cuánto tiempo les va a llevar ponerte
de nuevo en aprietos?
– Tenés razón. Esa se me estaba escapando… ¿Sabés lo que
pasa? Llevo demasiado tiempo dedicandome exclusivamente a los Veganos… y
francamente son unos perejiles.
– La clientela ideal.
– Si, ta. ¿Pero como expando el negocio si no recluto
otras razas?
– No, está bien, tenés un buen punto ahí. El tema es
como hacés la movida. Yo te aconsejaria dos cosas: limitar los milagros a
niveles más bajos donde no se corran riesgos y, por las dudas, hacer que las
razas nuevas paguen derecho de piso. Un tiempito de espera mientras los
investigas bien no sea que te salgan un martes 13.
– Me gusta. Pero si no les doy milagros ¿Cómo los
afilio?
– Me extraña araña… con premios en efectivo y mucho
“seguí participando”. Un buen paquete de promociones que los atraiga: un poco
de longevidad (la inmortalidad guárdala para clientes especiales), la clásica
recompensa económica, curaciones y algunas boludeces por el estilo…
– Hice bien en elegirte, la tenés clarita.
– Si, bueno, te tengo que confesar que el asunto de ser
tu profeta es todo un honor y todo eso; pero me parece que visto como llevas el
tugurio te podría dar una mano mejor si me colocás en otro puesto.
– ¿Cuál puesto?
– Y bueh, como yo la veo vos lo que necesitás es un
representante que dé la caripela. Alguien capaz de demostrar tus bondades al
tiempo que promociona el producto. Yo que sé, algo así como un papa pero que
tenga poderes discrecionales para conceder premios reales, y que tenga a la
vista algunos premios gordos para incentivar a la gilada a comprar.
– Pará que te veo la hilacha, vos lo que querés es tener
más poder del que te podría dar con media docena de milagros.
– No lo niego, pero mirálo así: te ofrezco mis servicios
para convertirte en la deidad oficial de cuanta raza se nos cruce. Para ello es
claro que necesito tener ases en la manga: debo ser la imagen de lo que se
puede lograr rezándote a vos. Es ganancia para tu rebaño. Y además… estamos
entre avivados y vos sabés como es: Si no me toca eso ¿Dónde está mi ganancia?
¿Cuál es la ami?
Desde
aquí alcanzamos a ver el pabellón del Supremo sacerdote Bayes. Es reconocible
su emblema con los dos ases, los dos ochos negros y la reina de corazones.
Mientras la comitiva se acerca repasemos la vida de tan ilustre visitante:
Durante los últimos ocho siglos Bayes ha desempeñado el papel de representante
de Mogul ante todas las razas conocidas. Desde el momento de su ascenso, en la
mítica mesa de juego donde Mogul se le manifestó eligiéndolo entre todos los
fieles, Bayes ha dado voz entre los fieles
a la voluntad de la deidad y ha recibido; por su incuestionable
fidelidad y entrega religiosa, poderes y dones que se incrementan con cada
nueva raza que abraza la verdadera fé.
Todos
hemos visto los antiguos archivos donde se lo puede ver tan incambiado como el
día de hoy, quien no ha soñado con verse bendito con el don de tener la decima
parte de las concubinas (las más bellas de la galaxia) que alegremente lo
siguen y bendicen con nuevos hijos para sumar a su enorme descendencia. ¿Quién
no ha deseado ser elegido por Mogul para servirle y recibir una pequeña parte
de las riquezas que a él tan pródigamente le ha brindado? Porque él se las
merece. Desde su silla pontificia ha dirigido el rumbo de la igle…
Es interesante. Tiene un dejo a Brian Aldiss o incluso a Martin (tan de moda hoy día). La mayor inconsistencia es que está llena de modismos rioplatenses. Parece una cruza entre El Eternauta y Crónicas Marcianas. Falta un poco de pulido en el estilo, amigo. Pero sólo es mi humilde opinión. Es ameno.
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