miércoles, 27 de enero de 2016

La mano del hombre muerto

La mano del hombre muerto 


-        ¿Primera vez que visita el templo?
-        ¿Perdón?
-        El casino. ¿Primera vez que viene?
-        Si.
-        Imagino que viene de lejos, no hay muchos humanos de este lado de la galaxia.
-        Aja.
-        No me malinterprete, me agradan los humanos. ¡Que digo! Si no fuera por ustedes nuestras ceremonias religiosas seguirían siendo un bodrio como en los viejos tiempos.
-        Aja.
-        Digo, ¿Usted sabe lo mucho que han mejorado nuestras vidas desde que nuestras culturas se encontraron?
-        Hum.
-        Si, si, ya sé. Ustedes también mejoraron. Nuestra cultura les aportó avances tecnológicos, es claro que sin nuestro aporte aún se me moverían por la galaxia en esas viejas naves de combustión de materia que tenían en esos tiempos.
-       
-        Y no hablemos de los avances médicos. Sus conocimientos en bioingeniería eran tan rudimentarios… pero ustedes nos enseñaron a rezarle a Mogul de una manera tan avanzada. Nunca vamos a  poder pagarles eso.
-        Supongo.
-        Claro que sí. Ahora resulta claro el camino hacia la devoción verdadera, es obvio, pero si ustedes no nos hubiesen explicado el concepto de juego de azar jamás habríamos entendido lo que hacíamos mal. No es raro que anteriormente la deidad no nos hiciera mucho caso, en cambio ahora…no hay un día que no tengamos media docena de milagros. Somos una sociedad sana y equilibrada, fiel a su caótico dios, como debe ser.
-        Me alegro por ustedes.
-        Gracias. Ahora bien, cuando me dijo “Aja” por primera vez ¿se refería a que viene de lejos o simplemente confirmaba que hay pocos de ustedes por estos lados?
-        Ambos.
-        Lógico, y cuando..
-        DISCULPE
-        Eh?
-        Me tengo que registrar en mi hotel. Hablamos en otro momento ¿Si?
-        Claro, claro. Bienvenido a Vegans City capital religiosa de Mogul, señor de las incertidumbres matemáticas y la entropía general. Espero verlo por ahí en alguna mesa de…
-        Gracias. – rápidamente el humano  se retiró rumbo a la salida del espaciopuerto.
-        Un tipo simpático – comentó en voz alta el vegano mientras se dirigía sonriente hacia la zona de capillas tragamonedas.
La quinta luna de Veganus recién se perfilaba sobre el borde inferior del arco estelar. En la gigantesca ciudad multitudes de fieles se preparaban para la jornada nocturna y la llegada de la primera hora de oración. En poco tiempo más la sexta y séptima luna ocuparían su lugar en la bóveda celeste y el rito comenzaría en cada hogar del planeta.
Ajeno a la importancia de estos momentos un circunspecto turista humano seguía de lejos las evoluciones de su recién llegado congénere. Probablemente un vegano no consideraría muy llamativas las diferencias físicas de ambos pero, dentro de la raza, difícilmente dos personas pudiesen ser más diferentes. El hombre que acababa de descender de la nave espacial era un anacronismo viviente, si su imagen hubiese caminado por las calles de una vieja ciudad del oeste norteamericano durante ese periodo que por generaciones se conoció como “el viejo oeste” no hubiese desentonado en lo más mínimo; aún más: un hipotético espectador de cualquiera de esas generaciones con solo darle una ojeada rápida lo hubiese clasificado como un tahúr de saloon, Y no se hubiera equivocado. A los 34 años Elahiah Burton Smith era, al menos en aspecto, un cliché ambulante con sus ropas imitando las de un viejo jugador profesional de películas de western de clase b, y para el colmo, si alguien se tomara la molestia de indagar, su profesión no era sino esa misma, aggiornada, pero la misma. Por su parte, el hombre que observaba furtivamente a su congénere lucía un aspecto menos llamativo, si lo quitáramos del entorno actual y lo enviáramos a las postrimerías del siglo XX perfectamente podría encajar en la descripción física de un oficinista clase media de mediana edad. Lo cual estaba lejos de ser.
En la actualidad el regordete sujeto se hacia llamar Harry Bayes, sus documentos coincidían con esta afirmación, y por supuesto ambas cosas eran falsas.
-        ­De todos los viajeros que podían llegar a estos páramos justo tenía que venir un timbero.. – murmuró para sí Bayes. – Lo único que falta es que venga por el milagro. Aunque… pensándolo bien… si hago bien mis movimientos puedo sacar algo positivo de eso.
Ignorante de que estaba siendo observado en todo momento Burton se dirigió directamente hacia el hall del Hotel. Una vez ahí, una rápida observación de la clientela presente en el bar a su derecha, le confirmó lo que sospechaba. No había humanos, sí había un par de teneriítas pero estos no importaban, nunca se relacionaban con los humanos.
Se registró, tomó la llave de su habitación y luego de meditarlo por unos momentos se dirigió hacia el bar.


El amanecer llegó sorpresivamente para Bayes, como siempre que lo encontraba despierto en este planeta.
Las orbitas asincrónicas de las siete lunas de Vega N1 hacían que el amanecer difiriera sustancialmente cada día, solo los nativos, con su desarrollado sentido de la vista capaz de diferenciar los tonos luminosos que reflejaba cada luna en la atmósfera, podían orientarse y prever el fin de la noche con anticipación asombrosa.  Aunque desconocía el alcance de las capacidades de sus anfitriones en este punto, Bayes sí sabía que los alienígenas nativos poseían facultades visuales tan refinadas que los engaños habituales de un tahúr serian rápidamente comprendidos como tales. Sin importar cuan diestro fuera el fullero de turno, los juegos de manos, el cambio de cartas y las marcas “invisibles” estaban destinados a fracasar. Con un agravante: para esta cultura, interferir con los destinos marcados por el azar era el peor de los crímenes. Un sacrilegio que ofendía a su deidad y quitaba a los devotos la posibilidad de entregarse alegremente a los deseos de su dios. El crimen tenía solo un castigo posible: desmembramiento ritual y ofrenda culinaria en el gran templo, el menú a discreción de los sacerdotes aunque el ingrediente principal debe ser siempre el ofensor.
Todas estas cuestiones podían ser capitales para el recién llegado Burton; en el caso de Bayes no revestían casi el menor interés, a excepción del uso que pudiera darle a esta información… Y eso era algo sobre lo que debería meditar.
Por lo pronto, su congénere no había mostrado desconocer la situación durante las últimas seis horas. Burton había jugado una mano tras otra con diferentes resultados; había perdido, ganado, pero sobre todo había mantenido su lugar en la mesa de juego apostando mínimamente. Era claro para Bayes que la intención del tahúr no era sacar beneficios inmediatos, más bien parecía estudiar las respuestas recurrentes en sus contrincantes. Posiblemente buscara un patrón social de conducta común a todos los miembros de la raza local. Y lo encontraría, seguro.
Una sonrisa socarrona se asomó por un segundo a su usualmente anodino rostro. El comprendía bien los patrones de conducta de los veganos, llevaba meses acumulando esa información para incorporarla a sus cálculos probabilísticos. Lo que le causaba gracia era el fin evidente que pretendía darle a esa información el otro hombre.
-        pobre. – susurró mientras negaba con la cabeza en un gesto casi imperceptible.
-        No vendamos el toro antes de haberlo arriado – se reconvino rápidamente. – es posible que sus métodos sean burdos pero, si ha encontrado un punto débil en las capacidades sensoriales de nuestros huéspedes, entonces SU sistema es menos falible que el mío. Yo no tengo forma de confirmar las variables que he anticipado hasta el mismo momento del torneo y, si me he equivocado en mis cálculos entonces será muy tarde.
Un grupo de alienígenas abandono ruidosamente el hotel en ese momento, por sus gestos era claro que estaban sobreexcitados  y se dirigían a solucionar su estado.
-        Bueno, he ahí otro aporte de la raza humana a la cultura vegana – comentó para sí mismo. - ¿Quién se hubiera imaginado que la cafeína fuera el afrodisíaco definitivo?
 Bueno, eso si sos un vegano plenamente desarrollado. Al parecer su metabolismo solo se ve afectado luego de que pasan a su etapa hermafrodita funcional.
El sexo… una punzada de nostalgia física le sobrevino, por un momento sintió unas manos invisibles que lo acariciaban. Llevaba muchos meses lejos de casa y las esplendidas hembras de su especie.
¿Cómo estarían las cosas en casa?  Su mente divagó unos segundos entre varias cosas que se sentían faltar para luego regresar a la causa de sus tormentos. Ese maldito policía… ¿Por qué sobrevivió al encuentro con el boquetero? En fin, siendo totalmente honesto consigo mismo Bayes se recordó que era su culpa. Fue él quien omitió el detalle en sus cálculos. ¿Cómo no pensó que, aunque sus gustos fueran anacrónicos, el ladrón no debería tener mucha chance de saber usar un arma de  fuego con precisión?
Un error tonto de cálculo – masculló entre dientes.
      Un error banal que me obligó a huir tan lejos como me fue posible. Y  si no gano ese milagro voy a pasarme toda la vida lejos de la civilización. – su frase casi se cortó en un sollozo.
      Pero lo voy a ganar. Y cuando tenga todo el poder que el premio me va a dar volveré a casa intocable. Pobre del cana que quiera meterse conmigo… – el volumen de su voz se incrementó para cortarse bruscamente a medida que por su mente pasaron los peligros a los que se enfrentaba.
      finalmente solo una palabra susurrada salió de sus labios – Volveré.


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Lo habían logrado.
Esta era la mesa del premio mayor y en ella se sentaban dos veganos y el par de humanos. Durante las diferentes rondas los hombres no habían coincidido aún como rivales, de tal forma que, aunque ambos pusieron atención al accionar del contrincante ninguno tenía aún total certeza de cual era el sistema que pensaba utilizar el otro.
Una cosa era evidente para Bayes: debía contar con competencia por parte de su coterraneo, los Veganos invitados no tenian parte activa mayormente, solo contaban con un feliz desapego propio del que sabe que lo que suceda será ni más ni menos que la voluntad de su dios.
Y si bien no perdía un segundo en preocuparse con esos dos contrincantes, el hecho de que en el fondo tenían razón lo tenia intranquilo desde hacía días. Porque el principal rival ni siquiera era Burton, su Némesis posible era la voluntad divina. ¿Quién podía saber cual era la voluntad de la deidad en esta noche? Ojalá que Mogul se haya levantado pensando “hoy voy  dejar que gane el más hábil”. – pensó.  –En ese caso, Bayes estaba seguro, sin importar lo que planeara el tahúr a la larga la mesa sería para él.
Y el milagro.
Mientras esperaba que comenzara la partida Harry miró por milésima vez el gran vitral que coronaba la sala de juegos. Era fascinante. En él era posible seguir la historia completa de la relación entre los veganos y su dios.
Y más interesante aún: ahí, en el tercer nivel contando desde el centro, se podía ver en detalle el momento en que el primer Teneriíta era bendecido con el premio mayor. ¡Que sorprendente como los factores culturales eran capaces de arruinar hasta un milagro! No era casual que los humanos no consiguieran llevarse bien con estos seres.
Los Teneriítas… ­ –La mente de Bayes se alejó del presente y comenzó a recopilar los datos que conformaban casi la totalidad de la información que poseía sobre esta raza ­– Probablemente fueran la civilización más antigua de cuantas había conocido la humanidad hasta la fecha. Y si no fuera porque su fisiología los mantenía a salvo de la mayoría de los peligros a su alrededor ya estarían extintos.
Pero no lo estaban, y aunque no se reproducían con mucha asiduidad el hecho de que casi no murieran hacía que, lentamente, su raza medrara en todos los rincones de la galaxia. Por suerte eran una raza pacifica.
El detalle que fascinó a los humanos cuando tuvieron sus primeros contactos con estos seres fue que uno de sus lejanos antecesores prosperase aún, formando una especie sólida, fértil… y que esos antepasados vivieran en la tierra desde hace millones de años.
 El descubrimiento del parentesco fue casual: un biólogo escucha las noticias mientras hace su tarea habitual, el periodista que hablaba hacía un relato de las características asombrosas de estos vecinos espaciales recién descubiertos; su extraña morfología, o más bien su lejanía con los patrones antropomórficos que tan común era a la mayoría de las especies civilizadas de la galaxia. Y su increíble resistencia. Nadie entre aquellos que tuvieron contacto con los Teneriítas pensó un segundo en buscar similitudes con razas terrestres, ¿Para qué? Si había una criatura que se enmarcara por su imagen dentro de la definición de “bicho espacial” esos eran los Teneriítas. Y si no tuviesen ese don telepático que les permitía comunicarse con otras razas así hubiesen quedado clasificados. Pero lo tenían. Y eran civilizados, no muy avanzados tecnológicamente pero sí muy cultos y sensibles a la belleza del universo. Una raza de poetas.
De todos los biologos capaces de relacionar el aspecto de los alienigenas con los tardígrados terrestres solo uno los había usado en su tesis de graduación postulando la posibilidad de que los osos de agua (como se los conoce popularmente) no fueran originarios de la tierra: James De Gregori II. Su tesis fue aceptada a regañadientes en su momento y solo porque nadie conseguía explicar fehacientemente porqué, de todas las criaturas de la tierra, los tardígrados son los únicos animales capaces de sobrevivir en el espacio. Y ahí estaba el doctor De Gregori trabajando en su laboratorio cuando oye al locutor describir las asombrosas capacidades de resistencia a ambientes hostiles de los Teneriítas. “capaces de soportar altas presiones, temperaturas extremas por encima de los 100° y por debajo de los -40° , resisten ambientes sin ninguna humedad, el espacio profundo…”  Fue en ese momento que James dejo de lado su instrumental y le dedicó una rápida mirada a la proyección del noticiero. Frente a sus ojos
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Un intenso resplandor iluminó al matemático. Aunque sus sentidos se encontraban sobrecargados, de alguna forma, percibió que todo cambiaba y la realidad física se desvirtuaba en… algo.
Lentamente los órganos sensoriales dejaron de pulsar. Su cerebro no conseguía procesar correctamente la información que le llegaba; de forma tal que momentáneamente oía colores, veía sonidos mientras su cuerpo sufría una total insensibilidad táctil que lo hacia sentir lejano a su físico. Entre la vorágine de sensaciones algo en él logró enfocar su atención hacia el exterior y con algún sentido desconocido aún percibió una presencia que lo opacaba haciéndolo sentir infinitamente pequeño.
 En circunstancias similares lo usual hubiera sido desvanecerse en el refugio de la locura temporal, héroes legendarios habrían terminado reducidos a meros bultos balbuceantes ¿Qué esperar entonces de Bayes, un personaje anodino con una timidez poderosa y la fuerte personalidad de un ratón de biblioteca? No mucho.
Y sin embargo, de alguna forma, el tímido sujeto recuperó el control de sus sentidos cuando reconoció su propia voz que con firmeza preguntaba:
      ¿Dónde estoy?
      Bienvenido Bayes, mi profeta.
      ¿Eh? ¿Su qué?
      Mi profeta. ¿De que otra forma debería designar a aquel que predice mi voluntad?
      ¿Quién..
      No preguntes lo obvio Bayes, lo sabes. Mis seguidores me llaman Mogul aunque claro que ese no es mi nombre, solo una representación al alcance de mis fieles.
      ¿Qué hago aquí? Y sobretodo ¿Dónde estoy?
      Te he traído a mi presencia. No precisamente al plano donde soy uno absoluto y mi ser abarca su totalidad; no podrías tolerarlo. Así que me limité a traerte a las fronteras de mi existencia física, donde existo pero solo como una manifestación fantasmal de menor poder, espero que en este nivel logres sobrevivir nuestro encuentro.
      Esto…gracias, igual podría haberme mandado un mensaje así no corríamos riesgos innecesari…
      JAJAJAJA –  el atronador sonido de la risa divina hizo fluctuar la realidad y por un segundo Bayes percibió extrañas criaturas surgir en el aire, expandirse y desdibujarse hasta la nada nuevamente.
      …JA, –  El estruendo se interrumpió y la realidad se afianzó como una malla elástica que luego de expandirse se contrae al máximo durante un segundo para luego reposar en su punto medio. En ese ínterin Bayes creyó morir cuando la realidad se volvió tan extrema que dolía.
      Bayes, Bayes, no sabes lo mucho que me congratulo de haberte escogido.
      Buenísimo, ¿Me puedo ir?
      No.
      Está bien. – y su voz dio un hipido que sonó sospechosamente parecido al “hiicc” de un ratón.
       Tranquilo, vamos por partes, no quiero que mi profeta pierda la cordura. – la voz seguía siendo profunda en su emanación de poderío pero tras la formalidad del tono que alcanzaba escalas graves, insospechadas, en segundo plano, el humano percibía notas de alegre hilaridad controlada. – Como decía, te he escogido. Eres mi profeta y debemos hablar de cual es el mensaje que transmitirás sobre lo sucedido hace unos momentos en mi templo mayor.
      ¿Y que pasó?
      Hice trampa.
      ¿Eh? ¿Y que debo dec…
      Déjame terminar. Obviamente eso es precisamente lo que no quiero que trasmitas. Establezco  el punto porque si vas a ser mi cómplice en la mentira creo que lo menos que te debo es una explicación detallada de mis motivos.
      No, no, si por mi esta bien, solo dígame lo que quiere que…
      ¡Silencio!
      Hiic,… digo, bueno.
Durante lo que pareció una eternidad Bayes permaneció en silencio. Aunque el resplandor de la presencia divina no le dejaba ver nada, en su mente se dibujaba un gigantesco seño fruncido que abarcaba  todo el espacio imaginable. Lenta y gradualmente su extra sensibilizada percepción le comunicó que Mogul suavizaba su expresión y recobraba el humor festivo.
      Veamos… ¿Dónde quedé? Ah, si. Hice trampa.
Y si tú estás sorprendido, que apenas me conoces, no quieras saber lo que lo estuve yo de verme en ese aprieto. Y todo por un descuido tonto. –  definitivamente los efectos de la presencia divina debían mitigarse con el acostumbramiento ya que Bayes para ese momento hasta se permitió pensar: ¿Por qué tengo un deja vú sobre esto?
– Me descuidé. Sabía quienes iban a estar en la mesa del premio mayor; ya había decidido que en esta ocasión el milagro sería para uno de los humanos y como tu eres mi profeta no seria ético que lo ganaras tú…
      Bueno, sin querer llevarle la contraria, yo aún no había sido ungido y… por otro lado ¿Quién se atrevería a debatir sobre ética divina?
      YO.
      Si…cierto. Disculpe, siga. – Otra larga eternidad debió esperar el matemático mientras la deidad recobraba la calma. Y aunque es imposible medir dos espacios infinitos, Bayes podría jurar que este duró casi el doble que el anterior. Y definitivamente Mogul ya no estaba para la guasa.
      DECIA… – eternidad + seño + mirada de juicio final – …que no podía elegirte a ti. Así que el ganador era claro. Conocía al sujeto desde su nacimiento. Una basurita ambiciosa. Pero no me importaba. Al fin y al cabo yo lo que quería era la publicidad derivada ¿Te imaginas? Un humano gana el premio mayor, obviamente va a pedir fortunas interminables o la inmortalidad, alguna de esas cosas que ustedes siempre han deseado tener. Y cuando eso le fuera concedido… ¡Millones de nuevos fieles rezándome en la esperanza de ellos también ganar el milagro! ¡Otra raza completita para mi rebaño de obsec… seguidores! Y todo al costo de UN mísero milagro. ¡Los colegas se iban a morir de envidia!
Pero no.
¿Cómo me dejo engañar de esa manera? ¿Por qué no se me dio por leer ese estúpido corazón y sus deseos para verificar que no hubiese cambiado sus prioridades? Totalmente mi culpa.
    Y si, yo sabía que no hacía mucho el sujeto se había mandado una embarrada tan grande que solo un  milagro podría hacer que su propia raza no lo destripara lentamente en cuanto se supiera. Era evidente, el muchacho venia a ganarse el milagro para sacarse las castañas del fuego. Me pediría que le diera poder suficiente como para que sus congéneres no solo tuvieran que tolerarlo de vuelta en sociedad sino que arriba tuvieran que decirle señor. Como tú. ¿Acaso no era lo que me ibas a pedir?
Ni lo dudé. Habría apostado que era lo que venía a pedir. ¡Como la pifié!
¿Pero a quien se le hubiera ocurrido que la ratita esa podía tener sentimientos de culpa? ¿Qué en vez de pedirme poder para llevársela de arriba iba a querer corregir sus errores?
¡Que traidor! Uno que lo escoge con todo cariño y el muy ladino planea pedirte la única cosa que puede barrernos de todos los planos de existencia: una recontra jodida paradoja.
¿Es que acaso no hay justicia en este mundo?
¡Un desagradecido!
Bayes, estas callado ¿no pensás decir nada? Mira que este tipo no deja bien parada a tu raza…
      Es que… todavía no me dice que pensaba pedirle.
      ¡Quería que cambiara el pasado y que la cagada que lo llevo a la mesa de juego nunca hubiera pasado! ¿Te das cuenta?
      Si, bueno no. La verdad es que no entiendo que es lo grave del asunto. ¿Esta por encima de su poder o lo tiene prohibido?
      No estás usando la cabeza, no digas boludeces y pensá. ¿Qué pasa si le cumplo el deseo y lo que lo llevó a pedir el milagro no pasó? Entonces el tipo no vino a jugar ni ganó el milagro. Y si no ganó el milagro ¿Qué va a evitar que vuelva a mandarse la misma idiotez y termine de nuevo en la mesa de juego? Nada. Así que en un segundo gana el milagro, lo cumplo, no lo gana. Viene y lo gana de nuevo, y no lo gana…Un loop infinito que solo se puede terminar con el agotamiento total de cada partícula de energía en esta realidad o con una devastación única que elimine en un milisegundo todo, incluido un servidor. Tenía que evitarlo.
      Definitivamente. Debería limitar el margen de lo que se puede pedir en un milagro, mire que el mundo esta lleno de gente que querría borrar su pasado…
      Tenés razón, ya estuve pensando en eso. Como mi profeta va a ser una  las primeras cosas que les vas a comunicar a los salames esos. Se acabaron los milagros indiscriminados. A partir de ahora van a tener una lista de milagros y a elegir solo lo que hay en la carta.
      Me parece bien. Y te voy a dar un consejo: tenés que limitar el poder que concedés.
      ¿Cómo? Explicate Bayes.
      Y si. Fijate sino: viene fulano y se gana un milagro, pide poder. Atrás de ese viene Sultano y te dice:”quiero tener más poder que fulano”; a Sultano lo sigue Perengano… ¿Cuánto tiempo les va a llevar ponerte de nuevo en aprietos?
      Tenés razón. Esa se me estaba escapando… ¿Sabés lo que pasa? Llevo demasiado tiempo dedicandome exclusivamente a los Veganos… y francamente son unos perejiles.
      La clientela ideal.
      Si, ta. ¿Pero como expando el negocio si no recluto otras razas?
      No, está bien, tenés un buen punto ahí. El tema es como hacés la movida. Yo te aconsejaria dos cosas: limitar los milagros a niveles más bajos donde no se corran riesgos y, por las dudas, hacer que las razas nuevas paguen derecho de piso. Un tiempito de espera mientras los investigas bien no sea que te salgan un martes 13.
      Me gusta. Pero si no les doy milagros ¿Cómo los afilio?
      Me extraña araña… con premios en efectivo y mucho “seguí participando”. Un buen paquete de promociones que los atraiga: un poco de longevidad (la inmortalidad guárdala para clientes especiales), la clásica recompensa económica, curaciones y algunas boludeces por el estilo…
      Hice bien en elegirte, la tenés clarita.
      Si, bueno, te tengo que confesar que el asunto de ser tu profeta es todo un honor y todo eso; pero me parece que visto como llevas el tugurio te podría dar una mano mejor si me colocás en otro puesto.
      ¿Cuál puesto?
      Y bueh, como yo la veo vos lo que necesitás es un representante que dé la caripela. Alguien capaz de demostrar tus bondades al tiempo que promociona el producto. Yo que sé, algo así como un papa pero que tenga poderes discrecionales para conceder premios reales, y que tenga a la vista algunos premios gordos para incentivar a la gilada a comprar.
      Pará que te veo la hilacha, vos lo que querés es tener más poder del que te podría dar con media docena de milagros.
      No lo niego, pero mirálo así: te ofrezco mis servicios para convertirte en la deidad oficial de cuanta raza se nos cruce. Para ello es claro que necesito tener ases en la manga: debo ser la imagen de lo que se puede lograr rezándote a vos. Es ganancia para tu rebaño. Y además… estamos entre avivados y vos sabés como es: Si no me toca eso ¿Dónde está mi ganancia? ¿Cuál es la ami?

Desde aquí alcanzamos a ver el pabellón del Supremo sacerdote Bayes. Es reconocible su emblema con los dos ases, los dos ochos negros y la reina de corazones. Mientras la comitiva se acerca repasemos la vida de tan ilustre visitante: Durante los últimos ocho siglos Bayes ha desempeñado el papel de representante de Mogul ante todas las razas conocidas. Desde el momento de su ascenso, en la mítica mesa de juego donde Mogul se le manifestó eligiéndolo entre todos los fieles, Bayes ha dado voz entre los fieles  a la voluntad de la deidad y ha recibido; por su incuestionable fidelidad y entrega religiosa, poderes y dones que se incrementan con cada nueva raza que abraza la verdadera fé.

Todos hemos visto los antiguos archivos donde se lo puede ver tan incambiado como el día de hoy, quien no ha soñado con verse bendito con el don de tener la decima parte de las concubinas (las más bellas de la galaxia) que alegremente lo siguen y bendicen con nuevos hijos para sumar a su enorme descendencia. ¿Quién no ha deseado ser elegido por Mogul para servirle y recibir una pequeña parte de las riquezas que a él tan pródigamente le ha brindado? Porque él se las merece. Desde su silla pontificia ha dirigido el rumbo de la igle… 

1 comentario:

  1. Es interesante. Tiene un dejo a Brian Aldiss o incluso a Martin (tan de moda hoy día). La mayor inconsistencia es que está llena de modismos rioplatenses. Parece una cruza entre El Eternauta y Crónicas Marcianas. Falta un poco de pulido en el estilo, amigo. Pero sólo es mi humilde opinión. Es ameno.

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